Imunit Defens – 30 cápsulas – Derbós

15,07 

IMUNIT DEFENS presenta todos los elementos en su composición que actúan estimulando el sistema inmunitario e intervienen de un modo muy especial en la prevención del ataque de microrganismos por las vías respiratorias.

Descripción

Derbós, Laboratorio Natural apuesta por la salud y el bienestar de toda la familia en cualquier época del año.

ACCIÓN FISIOLÓGICA

IMUNIT DEFENS es un complemento alimenticio desarrollado de forma específica para reforzar el sistema inmunitario y, de forma muy especial, reforzar las defensas que impiden el acceso de microorganismos al sistema respiratorio. El Sistema Inmunitario humano es un mecanismo que incluye diferentes órganos, tejidos, células y moléculas, especialmente proteínas, que defienden a nuestro organismo de numerosos elementos patógenos, como pueden ser virus, bacterias, hongos y parásitos. Se suele dividir en dos grandes grupos. El primero, es el Sistema Inmunitario Inespecífico, que son las barreras epiteliales, las células y los constituyentes humorales propios de nuestro organismo. El segundo es el Adquirido o Específico, que se activa por contacto directo con el patógeno, ya que la actuación de nuestro sistema inmunitario desarrolla medidas en forma de anticuerpos específicos para cada uno de ellos. Se distinguen dos tipos de inmunidad específica o adquirida: la Humoral y la Celular. La Inmunidad Humoral es mediada por los anticuerpos, que pertenecen a un grupo de glucoproteínas denominadas Globulinas, que segregan los Linfocitos B y que, por ello, también se llaman Inmunoglobulinas (Ig). Son proteínas específicas sintetizadas por las Células Plasmáticas. En los extremos de estas moléculas, se encuentran las llamadas Zonas Variables, ya que en ellas la secuencia de aminoácidos varía de un anticuerpo a otro para adaptarse y unirse a cada uno de los posibles antígenos. Además de la región variable, cada cadena tiene una región constante formada por 106 aminoácidos cuya secuencia es idéntica para todos los anticuerpos, que permiten su clasificación en 5 clases de inmunoglobulinas, denominadas IgG, IgA, IgE, IgD e IgM.

En la Inmunidad Celular, los protagonistas son células, especialmente los Linfocitos T y las células Natural Killer o NK, las “células asesinas”, que atacan y destruyen directamente a los patógenos.

Procedemos a describir la acción fisiológica de cada uno de los ingredientes de IMUNIT
DEFENS.

La Equinácea (Echinacea purpurea (L.) Moench) es una de las plantas medicinales más conocidas del planeta, siendo mayoritariamente cultivada para su empleo en terapias de enfermedades infecciosas del sistema respiratorio superior e inferior. Entre sus componentes, destacamos el ácido achicórico que es un derivado del ácido cafeico (ácido 2,3-O-dicafeil-tartárico) y las alquilamidas, así como polisacáridos, glicoproteínas y hasta un 0,1% de aceite esencial. La actividad inmunoestimulante de la planta se ejerce a través de tres mecanismos: activación de la fagocitosis, estimulación de los fibroblastos y un aumento de la movilidad de los leucocitos. Varios estudios in vivo sobre inmunomodulación concluyen que la inmunidad innata se mejora con la administración de la planta y que el sistema inmunológico se fortalece contra las infecciones patógenas mediante la activación de los neutrófilos, macrófagos, leucocitos polimorfonucleares y células asesinas o Natural Killers (World Health Organization monoghraphs 1999). El aumento de la expresión génica por el extracto de raíz se atribuye al contenido de alquilamidas. Las Alquilamidas han demostrado su efectividad al unirse al receptor cannabinoide tipo 2 (CB2), lo que se considera como un mecanismo de sus propiedades inmunomoduladoras (Radumer, S. et al., 2006). Las N-alquilamidas inducen una actividad sinérgica en CB2 que, en última instancia, conduce a efectos inmunomoduladores por la sobreestimulación de Interleucina 10 y la inhibición del factor de necrosis tumoral in vitro. También inhiben las Ciclooxigenasas, lo que implica una actividad antiinflamatoria (Muller-Jakic, B. et al, 1994 y Goey, AK, et al., 2012). Ambos efectos contribuyen a reforzar la producción de los primeros mediadores de la respuesta inmune y la actividad antiviral. También se ha comprobado que el extracto de raíz de Equinácea puede regular positivamente algunos genes involucrados en la activación o función de las células inmunitarias, entre ellas el receptor de Interleucina-7, el factor nuclear de Células T activadas, y el factor de transcripción T-Box. Interviene en la función de activación de tipos específicos de células inmunitarias, como las Células Dendríticas, que son células presentadoras antigénicas, ya que capturan, procesan y presentan antígenos de forma fisiológicamente óptima a los Linfocitos T, generando, de este modo respuestas específicas de nuestro sistema inmunológico (Vazquez, MB, et al. 2012 y Wang, CY., et al., 2006). Otro tipo importante de compuesto bioactivo de esta planta son los Polisacáridos, que se ha demostrado que aumentan la producción de Interleucina-1, Interleuquina-6 y TNF-a por los macrófagos, junto con la mejora de su fagocitosis y actividad microbicida, tanto in vitro como in vivo (Wagner, H. et al, 1989 y Roesler, J. et al 1991). La Equinácea también estimula, de forma general, la actividad de los fagocitos séricos y tisulares, el aumento del nivel de properdina, un indicador no específico del poder de resistencia del organismo que interviene en la lisis bacteriana y la elevación del nivel de interferón. El Interferón, es un producto celular natural que se forma en respuesta a virus u otros ácidos nucleicos extraños. Es liberado por las células infectadas y estimula la producción de las proteínas inhibidoras de la traducción en otras células huéspedes, fijándose a los ribosomas celulares y bloqueando selectivamente la traducción de RNA mensajero del microorganismo invasor, impidiendo su proliferación. Por tanto, podemos concluir que la Equinácea es un estimulante general del sistema inmune y, que contribuye a disminuir la incidencia y severidad de los catarros y la gripe.

El Pelargonio (Pelargonium sidoides) es una planta procedente de la etnofarmacología del sur de África, donde se utiliza para el tratamiento de trastornos gastrointestinales y de infecciones de las vías respiratorias altas. Desde su introducción en Europa por el inglés Stevens para tratar la tuberculosis, esta especie ha sido objeto de numerosos estudios. Se ha probado que actúa tanto frente a gérmenes grampositivos, como el Streptococcus pneumoniae, y gramnegativos como la Haemophilus influenzae. Asimismo, se ha probado
la eficacia del Pelargonio frente a ciertos virus, como es el caso del resfriado común. Destacamos un estudio realizado en 61 niños asmáticos, ya que, como la mayoría de las infecciones del tracto superior respiratorio son de origen vírico, éstas desencadenan una reacción inflamatoria que cursa con episodios de ataques asmáticos, observándose una incidencia más que que notable (Tahana, F., Yaman, M. 2007).

Sin duda alguna, su contenido en Proantocianidinas, constituidas por unidades de catecol y galecategol, mayoritariamente, y cumarinas, parecen los responsables de su actividad inmunoprotectora. El Pelargonio actúa estimulando la liberación del Factor de Necrosis Tumoral (TNF-a), de óxido nítrico, de Interferón β, de Interleucinas y de Citoquinas. También incrementa la actividad de las células Natural Killers NK y la capacidad oxidante y fagocítica de los Fagocitos (Conrad, A., Hansmann, C. et al 2008). Un hecho destacable, es que el Pelargonio inhibe la elastasa de los leucocitos humanos. La Elastasa es una proteasa destructora del tejido del huésped que liberan las bacterias y virus, por lo que, al ser destruida, se crea una barrera defensiva frente a infecciones del tracto respiratorio, ya que los patógenos tendrán una mayor dificultad para penetrar en el huésped, lo que se traducirá en una menor incidencia de trastornos víricos o microbianos. También se ha observado la capacidad de inhibir la adhesión de microrganismos patógenos a las células epiteliales laríngeas, lo que impide y dificulta la colonización e infección de algunos microorganismos. Hoy en día, se están realizando numerosos estudios para ver su incidencia sobre numerosos virus, como el de la gripe A, el Coronavirus o el Virus sincicial respiratorio (Theisen, L., Muller, C., 2012 y Michaelis, M., Doerr, HW., Cinati, J. 2011), con el fin de utilizarlo para evitar procesos infecciosos tanto víricos como bacterianos y así reducir el uso de antibióticos y retrovirales en la práctica clínica. El Calostro de leche es rico en Inmunoglobulinas G. Tal y como ya hemos indicado, existen dos tipos de inmunidad específica: Humoral y Celular. La Inmunidad Humoral es mediada por los Anticuerpos o Inmunoglobulinas, que son proteínas específicas sintetizadas por los Linfocitos B que son capaces de reaccionar con moléculas extrañas al organismo, llamadas Antígenos. La unión del antígeno con el Linfocito B estimula a este último para que se divida y se diferencie dando origen a una gran cantidad de Células Plasmáticas y células poseedoras de la llamada Memoria Antigénica. Las Células Plasmáticas sintetizan y secretan moléculas de anticuerpos, las cuales reaccionan en forma específica con el antígeno que originalmente
estimuló la producción de dichos anticuerpos. Las Células con Memoria Antigénica conservan la capacidad potencial de sintetizar dichos anticuerpos contra un antígeno específico, ya que pueden transformarse en células plasmáticas productoras de anticuerpos específicos. Por esta razón, el sistema inmune de un organismo responde de forma más potente y rápida cuando se encuentra por segunda vez
ante la presencia del mismo antígeno. Las Inmunoglobulinas se dividen en cinco grupos: IgA, IgG, IgD, IgE e IgM. Estas proteínas actúan directamente uniéndose a componentes del virión y produciendo la neutralización del virus. Sin embargo, las
IgG son las únicas que pueden unirse a la superficie de otras células del sistema inmune conocidas como macrófagos, los cuales adquieren la capacidad para reconocer los antígenos virales presentes en la superficie de las células infectadas. Las Inmunoglobulinas, la Lactoferrina y las Citoquinas presentes en el Calostro, han mostrado una notable acción antiviral (Pan, Y., Lee, A. et al., 2006). También se han realizado númerosos ensayos en ratones afectados con el virus de la gripe común, para probar la efectividad del calostro en la sintomatología provocada por éste, evidenciándose que se producía una disminución significativa de la carga viral (Ng, Wc., Wong, V., Muller B., et al., 2010). De hecho, en el llamado estudio epidemiológico de San Valentino, se evaluó el papel antigripal del calostro frente a la vacunación, obteniéndose como resultado que las personas que habían sido suplementadas con Calostro habían tenido una incidencia 3 veces menor que las que no lo habían sido, evidenciado, de este modo, el papel del calostro como antiviral, aunque se
desconozca los mecanismos concretos. (Cesarone, M.R., Belcaro, G., et al, 2007).

La Vitamina C o ácido ascórbico, afecta a varios componentes del sistema inmunológico humano. La Vitamina C estimula la producción y la función de los Leucocitos o Glóbulos Blancos, especialmente de los Neutrófilos, los Linfocitos y los Fagocitos. De hecho, la Vitamina C aumenta la motilidad celular, la quimiotaxis y la capacidad de fagocitosis (Prinz, W., et al., 1977; Vallance, S., 1977; Anderson, R. et al., 1980; Levy, R., et al., 1996). Asimismo, los Neutrófilos, los Fagocitos Mononucleares y los Linfocitos acumulan Vitamina C en altas concentraciones para protegerse del daño oxidativo derivado de su acción inmunitaria no específica (Bergsten, P. et al., 1990), ya que los leucocitos fagocíticos liberan toxinas no específicas, como radicales superoxidativos, ácido hipocloroso y peroxinítrico. Estas sustancias reaccionan matando a los microrganismos patógenos, pero también pueden dañar a los leucocitos. Se ha demostrado que la Vitamina C, por su capacidad antioxidante, protege los leucocitos de ese posible daño oxidativo autoinfligido, lo que les permite seguir actuando eficazmente ante las infecciones (Jariwalla, RJ. et al., 1997). Los Leucocitos también producen y liberan Citoquinas, incluyendo Interferones, los cuales tienen una actividad antiviral (Pauling, L. 2006). La vitamina C, tal como hemos indicado, aumenta la producción de interferones y mejora la capacidad de destrucción microbiana de los Neutrófilos, a la par que estimula la proliferación y diferenciación de Linfocitos B y T (Carr, AC. 2017). La Vitamina C, al actuar tanto sobre los Linfocitos B como los T, refuerza el papel de estas células que son los principales componentes del Sistema Inmunitario Específico. Los Linfocitos B son los que producen anticuerpos y proteínas (Gammaglobulinas), que reconocen sustancias extrañas (Antígenos) y se unen a ellas, desarrollando un anticuerpo específico. Pero los Linfocitos B no pueden penetrar en las células, de manera que el trabajo de atacar directamente a estas células diana se deja a los Linfocitos T. Estos últimos están especializados en reconocer, responder y recordar antígenos y también en segregar Linfocinas, que alertan a otras células que destruyen por contacto directo las células responsables del ataque a nuestro organismo.

El Zinc es un elemento del cual dependen numerosos procesos metabólicos celulares, que van desde la función inmune a la neurotransmisión, pasando por el crecimiento, la visión y la reproducción, entre otros. Se ha calculado que existen más de 3.000 proteínas en humanos con puntos de unión funcionales con el zinc.
A nivel inmunitario, la ingesta del zinc es esencial, específicamente para el desarrollo y el normal funcionamiento de las células que median las respuestas inmunes (Baum et al., 2000 y Maares, M. et al., 2016). Existe un mecanismo muy curioso en la mediación inmunitaria del zinc, y es el control de la homeostasis de éste en los patógenos. Los microrganismos nocivos para nuestro cuerpo precisan el zinc para desarrollarse, por lo que, si se les secuestra el zinc libre de su interior, o bien se les intoxica, acumulando un exceso del elemento en su interior, vía los macrófagos, (Subramanian, V et al., 2013 y 2016), se previene su desarrollo. Lo que es obvio, es que la deficiencia de zinc provoca un debilitamiento innato y disminuye la capacidad del cuerpo para combatir a los patógenos, por lo que las personas con deficiencia de zinc experimentan una mayor susceptibilidad frente a una gran diversidad de agentes infecciosos (Fischer Walker y Black, 2004).

Especialmente interesantes resultan los estudios realizados en las Enfermedades del Tracto Respiratorio Inferior (abreviadas como LRTI), especialmente en neumonías. Según un informe de la OMS de 2009 sobre los factores de riesgo de dicha enfermedad, la deficiencia de zinc puede ser responsable del 13% de todos los casos de LRTI, principalmente neumonía y gripe.
Otro dato interesante es el deterioro relacionado con la deficiencia de zinc y la función inmune que disminuye con la edad. En un estudio, las bajas concentraciones en sangre de zinc en residencias de ancianos se asociaron con un mayor riesgo de neumonía y de mortalidad (Meydani et al., 2007). Se descubrió que la administración de suplementos de zinc tiene un impacto positivo en la función inmune. Un estudio aleatorio, controlado con placebo en adultos mayores de 65 años, encontró que la suplementación con zinc durante tres meses aumentaba las concentraciones en la sangre de Linfocitos T y T Citotóxicos (Fortes, C., Forastiere, F., Agabiti, N., et al., 1998).

La Vitamina D, aparte de ser esencial para el mantenimiento de la mineralización ósea a través de la regulación de calcio y homeostasis del fósforo, participa de un modo muy especial en los sistemas inmune, endocrino y cardiovascular. A través del receptor nuclear de las células de Vitamina D, conocido como RVD, la 1a, 25-dihidroxivitamina D, que es la forma activa de la Vitamina D, actúa como un potente modulador del sistema inmune. El RVD se expresa a nivel genético en la mayoría de las células del sistema inmune, incluyendo los Linfocitos T, en las células Dendríticas y en los Macrófagos (Lin R. y Whyte, JH., 2004). Bajo determinadas circunstancias, los Monocitos, Macrófagos y Linfocitos T pueden expresar la enzima 25-dihidroxivitamina-D3-1a-hidroxilasa y producir 1a, 25-dihidroxivitamina D, la cual actúa localmente para regular la respuesta inmune (Edfeldt, K., et al, 2010 y Smolders, J. et al 2011). Existe evidencia científica considerable de que la Vitamina D posee una variedad de efectos en la función del sistema inmune, entre ellos la mejora de la inmunidad innata y, que su deficiencia, podría comprometer la integridad total del sistema inmunológico (Aranow, C., 2011), dando lugar a respuestas inmunitarias de baja intensidad.

Resumiendo, IMUNIT DEFENS presenta todos los elementos en su composición que actúan estimulando el sistema inmunitario e intervienen de un modo muy especial en la prevención del ataque de microrganismos por las vías respiratorias.

La Vitamina C, el Zinc y la Vitamina D contribuyen al funcionamiento normal del sistema inmunitario.

Complemento alimenticio que ayudará, de forma eficaz, al  sistema inmunológico , que como sabemos es muy importante para el buen funcionamiento del organismo, y es que éste es  el encargado de crear las defensas para mantener el cuerpo protegido de diferentes infecciones.

Ingredientes:

Extracto seco de Equinácea (Echinacea purpurea (L.) Moench), Vitamina C (Ácido L-ascórbico), Gluconato de zinc, Extracto seco de Pelargonio (Pelargonium sidoides DC.), Maltodextrina de maíz, Antiapelmazantes (Estearato de magnesio y Dióxido de silicio), Calostro de leche en polvo y Vitamina D3 (Colecalciferol). Cubierta: Hidroxipropilmetilcelulosa.

Cantidad de nutrientes *:

          AMEG por 1 cápsula

Vitamina C                                                       100 mg (125% VRN)

Zinc                                                                   10 mg (100% VRN)

Vitamina D3                                                     1,25 µg (25% VRN)

Equinácea Extracto seco                                100 mg

Polifenoles                                                       4 mg

Pelargonio Extracto seco                                60 mg

Pirogalol                                                           20 mg

Calostro en polvo 30% IgG                              30 mg

IgG                                                                    9 mg

__________________________________________________

* Cantidad de nutrientes o sustancias con efecto nutricional o fisiológico

AMEG: Aporte Mínimo Eficaz Garantizado

VRN: Valor de Referencia de Nutrientes

Modo de empleo:

  • Tomar una cápsula al día, preferentemente en ayunas, con un vaso de agua o infusión.

Condiciones especiales de conservación y/o condiciones de utilización:

Conservar en lugar fresco y seco, alejado de la luz directa.

No superar la dosis diaria expresamente recomendada.

Los complementos alimenticios no deben utilizarse como sustitutivo de una dieta variada y equilibrada y un estilo de vida saludable.

Mantener el producto fuera del alcance de los niños más pequeños.

Cantidad neta del alimento:

Contenido: 30 cápsulas de 570,5 mg

Peso neto: 17,11 g

Información adicional

Peso 0.25 g
Dimensiones 65.0 × 6.0 × 13.0 cm

Valoraciones

No hay valoraciones aún.

Solo los usuarios registrados que hayan comprado este producto pueden hacer una valoración.

Ir a Arriba